Otra vuelta de tuerca

Hace poco, el profesor de la academia de inglés le dijo a mi mujer lo siguiente sobre nuestra hija: —“Celia es la que más destaca por encima de estos zánganos, y el nivel del grupo está por debajo de sus posibilidades. Podemos cambiarla a otra clase dónde halla más nivel y menos cafres, pero mi recomendación es que se le pase al curso siguiente (niños un año mayor que ella). Esto le supondrá un esfuerzo, pero seguro que se hace con ello”.

Para gran sorpresa del profesor, parece ser, mi mujer le dijo que a falta de comentarlo conmigo, la opción de pasarla al curso siguiente estaba descartada. El profesor no lo entendía, pues dijo que todos los padres se ponían muy contentos de que sus criaturillas pudiesen codearse con los mayores, un rasgo distintivo que les daba prestigio. No aclaró si a los hijos, o a sus padres.
Nuestro razonamiento era otro. La niña va muy bien en sus asignaturas, hace un deporte con disciplina y acude a clases extra de inglés. ¡Ya, no! Por si fuera poco sobrevivir a los altos niveles de exigencia que hoy en día tienen los niños en la escuela, hay que dar una vuelta de tuerca más pasándola con los niños mayores que ella. Pues no.
Alguien nos dirá que no estamos sacándole el máximo potencial. Lo primero que le respondería es que por qué demonios iba a querer tal cosa y lo segundo, que me gustaría que el máximo potencial lo utilizase en conciliar esfuerzo con placer.

En la misma línea, la profe de cuarto de primaria de mi hija nos comentó en la última reunión lo siguiente sobre sus calificaciones: —”Hay algunos sietes y ochos que si se esforzase más los convertiría en sobresalientes. Tiene mucho potencial”.
Su forma de pensar explica porqué tras sacar su alumna en matemáticas un siete y un ocho, le ha puesto en la evaluación un Bien. “Para que no se duerma en los laureles”, habrá pensado. Claro, ¡qué barbaridad dormirse en el laurel que tanto esfuerzo te ha costado escalar! ¡Insensata! ¿Acaso no te has dado cuenta que a poco más de esfuerzo podrías elevarte unos metros sobre tu mundana mediocridad? Otra vuelta de tuerca más.

Aquí la amiga se debe creer que mi hija es un genio y saca esas notas con un dedo en el culo. El maldito potencial, estoy hasta el gorro de escuchar esta frase. En esta sociedad nadie está a salvo de la ambición y el inconformismo, ni siquiera aquellos que hacen las cosas bien. “Si te esforzases un poco más sacarías sobresalientes, tienes mucho potencial”, le dicen los padres a sus hijos ante los notables.
También tenemos las asfixiantes expectativas que se generan sobre aquellos que van como cohetes: “Magnífico resultado hijo, seguro que el año que viene eres el mejor de tu clase de solfeo, y vuelves a quedar primero en atletismo. Tienes mucho potencial cariño”.

¿No podéis disfrutar papis y profesores de lo que hay hoy sin mirar más allá? El tiempo dirá. Si el chaval sigue haciendo las cosas bien pues los logros irán cayendo en sus bolsillos de forma natural, no es necesario que le recordemos que alguien como él, qué menos que hacerse con tal botín de éxitos dadas sus capacidades. Dejemos de exigirles una vuelta de tuerca más a esos chicos y chicas que tienen su vida suficientemente atornillada.

En resumen, decir a alguien que hace las cosas bien que tiene mucho potencial, es lo mismo que decirle que lo que hace es una mierda.

El rumor del olvido.